La memoria no se mancha

41 es el número de este año. 41 son los años de incertidumbre para muchas familias. 41 es el aniversario del último golpe cívico militar que sufrió el país. No se debe olvidar quiénes fueron los que lo provocaron, quiénes apoyaron y quiénes somos nosotros, porque para saber quiénes somos debemos saber de dónde venimos.

Luego de que las Fuerzas Armadas tomaran el gobierno de María Estela Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976, Argentina se viste de negro al pasar por la etapa más violenta en materia de derechos humanos. La Junta estaba integrada por el general Jorge Rafael Videla, el comandante Emilia Eduardo Massera y el brigader general Orlando Ramón Agosti; designó como presidente a Videla y el gabinete incluía sólo a dos civiles: Martinez de Hoz en Economía y Ricardo Bruera en Cultura y Educación. Lo primero que se hizo fue intervenir la CGT, los gobiernos municipales y provinciales; el Parlamento fue reemplazado por el CAL (Comisión de Asesoramiento Legislativo). El “Proceso de Reorganización Nacional” pretendía restituir los valores occidentales y cristianos (“Algo habrán hecho…”), una promoción en el desarrollo económico y la erradicación de la subversión. Esa palabra condenó a los que pensaban distinto o a los que directamente se veían distintos. ¿Qué más subversivo que pensar por uno mismo y luchar por lo que se cree es lo correcto para el bien común? El golpe tuvo el apoyo de varios sectores civiles como la Sociedad Rural, grupos empresarios y financieras, la parte más conservadora de la iglesia católica –o sea, casi toda- y varios medios de comunicación.

En el contexto mundial, Latinoamérica sufría la imposición del gobierno norteamericano a partir del “Plan Cóndor”.  Este plan era una respuesta a la política norteamericana que pretendía la persecución a los grupos de izquierda u opositora al gobierno de ese turno. Fueron militares latinoamericanos los que formaron el plan, hasta se glorificaba al invento argentino de la picana eléctrica como método de tortura.  La nueva dictadura usa a la “lucha subversiva” como excusa para disciplinar a la sociedad. La persecución se daba a todo aquel que pareciera estar identificado con ideologías de izquierda, peronista o cualquiera otra que no sea la que los “superiores” aceptaran. Los efectivos pedían zona liberada para no cruzarse con la policía u otras fuerzas de seguridad. Los secuestros llegaron a darse a cualquier hora del día -de forma clandestina e ilegal- para sacar información a los supuestos subversivos. Ellos, eran privados de su libertad y llevados a los centros clandestinos para ser torturados. Para 1976, funcionaban más de 350 centros de detención como la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), el Besubio, el Pozo, La Perla, la De Dos (Córdoba) y la Escuelita de Famaiyá (Tucumán). Se secuestraron y asesinaron a 10 estudiantes de La Plata por exigir un boleto estudiantil gratuito, la Junta veía a esto como un acto de “subversión dentro de las escuelas”. Nosotros lo recordamos como la Noche de los Lápices. Además, los secuestros son cada vez más y se ordena que sean eliminados. Como números, como moscas, como mugre. Se inventa el método de traslado, en el cual se sedaban a los detenidos, se los subía a un avión y arrojaba sobre el Río de la Plata. Para los militares, sin cuerpo no hay delito. Pero no contaban con el poder del pueblo. Es la indignación la que mueve las masas para la búsqueda de la libertad. Las mujeres detenidas y embarazadas, dan a luz en Maternidades Clandestinas y sus hijos son expropiados por los mismos represores o entregados a familias cercanas a los militares. Ante estos hechos aberrantes, civiles y familiares de desaparecidos reclaman el paradero de ellos. El 30 de abril, de forma espontanea, se encuentran las madres de desaparecidos en la Plaza de Mayo, y como estaban prohibidas las reuniones de más de un par de personas, empiezan a circular alrededor de la pirámide de la plaza: nacen las Madres de Plaza de Mayo.

Estos hechos aberrantes no fueron los únicos que dejó el terrorismo de Estado: la economía liberal de Martínez de Hoz destruye el trabajo nacional y crea en el 79’ la “bicicleta financiera”: los capitales extranjeros llegan, acumulan intereses en bancos que se abrieron en meses y vuelven a fugarse al exterior ; se infiltra un oficial de la Armada dentro de la organización de las Madres para sacarles información y desaparecerlas; se secuestraron a dos monjas francesas, Alice Domon y Léone Duquet y a la estudiante sueca Dagmar Hagelin; en mayo del 77’, casi entramos en guerra con Chile por las islas Picton, Lennox y Nueva del canal de Beagle; luego de que la Comisión de Derechos Humanos de la OEA tomara 5.000 denuncias de desaparecidos, el gobierno de facto quiso “desmentir” esto lanzando el eslogan “Los argentinos somos derechos y humanos”; el 2 de abril de 1982, Galtieri le declara la guerra a Gran Bretaña por las Islas Malvinas para recobrar el apoyo del pueblo y cambiar la imagen del Ejército, esto cobró la vida de cientos de jóvenes llevados a morir sin equipamiento apropiado; Cavallo nacionaliza las deudas de las empresas privadas; principios del 83’, Bignione decreta la destrucción de todos los documentos que existen sobre los secuestros; a pocos días de llamar a elecciones, se dicta la Ley 229024, que dicta una “auto-amnistía” a las Fuerzas Armadas.

Con la vuelta de la democracia, en 1983, se asume el desafío de sanar las heridas que dejó el terrorismo de Estado. Hasta el día de hoy no cicatrizan del todo.G ¿Por qué es necesario hablar todos los años de lo mismo? Para que no se vuelva a repetir y llamar las cosas por su nombre: fueron 30.000 y fue un Golpe de Estado. Insisto, ¿cuál es la necesidad de todo esto? Exigir el encarcelamiento a los culpables; la restitución de la identidad de los jóvenes secuestrados; la recuperación del Banco de Datos Genéticos; la apertura de todos los archivos y, antes que nada, justicia porque la memoria no se mancha.


 

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