Calles con nombres de genocidas

No podemos negar que la historia de Río Grande comienza como tierra explotada y poblada por terratenientes europeos que, abalados por las políticas del presidente Julio Argentino Roca –seguidos por Juárez Celman en ese momento-, destruyeron una gran parte de nuestro pueblo originario: los selk’nam. Hoy, desde la Comunidad Indígena Rafaela Ishton junto con vecinos, denuncian y solicitan el cambio de nombres de arterias y del barrio “Vapor Amadeo”.

“Las disputas en torno a la denominación de las calles y el barrio ubicado sobre los campos que otrora fueron propiedad del controvertido José Menéndez, nos llama a reflexionar en torno a la reproducción de cierta historia oficial, que deliberadamente ha ocultado hechos de sangre, expoliación y muerte y al mismo tiempo, ha enarbolado la figura de los responsables del genocidio como ‘pioneros’ del progreso fueguino” explican desde su comunicado.

Para contextualizar, a fines del siglo XIX, en el país se lleva a cabo un plan sistemático de matanza y genocidio hacia los pueblos originarios –más que nada en la Patagonia- para expandir territorio argentino y explotar la tierra: la Campaña del Desierto; que de desierto no tenía nada. Esta “conquista” se llevaba adelante por Roca, y posteriormente por Celman, ocurrió un tiempo antes de la expropiación de suelo selk’nam pero abalada las acciones tomadas por parte de los terratenientes europeos que llegaron a la isla. La vida de los antiguos pobladores –cuando digo antiguos pobladores me refiero a los verdaderos dueños de la tierra, los pueblos originarios- empieza a deteriorarse cuando el extranjero, que no respeta la vida en la isla, comienza a delimitar territorios con alambrado: la propiedad privada, aquel sistema capitalista, es algo que los onas no conocen. Son forzosamente desplazados por estancieros y colonos, quienes provocan un desequilibrio en su modo de vida y alimentación, “situación que obliga a los antiguos a buscar otro sustento para preservar sus vidas. La oveja sirve para tal fin, sin embargo, este acto sería cruelmente castigado por los empresarios ganaderos”.

José Menéndez, nombre que resuena, es el principal actor que promueve la matanza de “indios” por estas cuestiones. Una libra esterlina, o 9.50 gramos de oro, vale un nativo muerto (orejas, genitales, cabezas y senos mutilados). Sam Hyslop, Gregorio Prado, Enrique Negron, Alejandro Mac Lennan –mejor conocido como el “Chancho Colorado”- son los más destacados genocidas. El “Chancho” se queda en la historia como uno de los más grandes sicarios de este período, como también se convierte en un gran colaborador de Menéndez y administrador de su Ea. Primera Argentina. Pero lo que terminó por casi extinguir a los selk’nam –todavía quedan algunos descendientes- fue el escrupuloso sistema de aculturación: salvar las almas de jóvenes, hombres y mujeres, en la religión católica. La Misión Salesiana fue el escenario de tal depravado crimen: querer borrar lo que eran, borrar la identidad. Además de las violaciones, violencia e historias oscuras, es la identidad la que contiene la esencia del ser.

“Está comprobada la participación del Amadeo en la deportación de los selk’nam. En febrero de 1896 treinta y seis selk’nam capturados por los empleados de las estancias fueron conducidos a Punta Arenas a bordo del vapor. El 8 de marzo del mismo año el mismo barco trasladó desde Bahía Inútil a la misión salesiana de isla Dawson a un grupo de diez personas deportadas: 3 hombres, 2 mujeres y 5 niños y niñas” (José L. Alonso Marchante, historiador. Comunicación personal). Para 1911, llega el barco “Vapor Amadeo” a la Misión de la Candelaria, trayendo consigo a los sobrevivientes de la isla Dawson. Ellos, llegan enfermos de tuberculosis y mueren en las Misiones.

Que haya calles y un barrio con nombres de genocidas, porque eso es lo que son, sólo provoca invisibilizar una vez más la lucha y permanencia selk´nam. Es necesario repensar cómo conocemos la historia y cómo la entendemos para reflexionar sobre el tratamiento cotidiano que hacemos día a día como ciudadanos de Tierra del Fuego, antigua Karukinká -“la última tierra de los hombres” en lengua Selk'nam-. Tal como explican en su comunicado: “creemos que se deben implementar políticas que impliquen una verdadera reparación, y es en este sentido, que la denominación de nuevos espacios alusivos a los genocidas de nuestro pueblo, no son sino un retroceso histórico. Hoy se trata de la familia Menéndez, quienes evocan su imperio a través de nombres como el vapor Amadeo, Alfonso, Arturo, Asturiano y otros, y es por esto que discernimos y solicitamos se rechace esta postura, atendiendo a su carácter arbitrario e implicancia hacia un propósito mayor, relacionado con el genocidio de los pueblos originarios de la isla de Tierra del Fuego.” Entonces, ¿qué hacemos nosotros ahora que sabemos qué está sucediendo?


 

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