La historia de los observadores

Consultados sobre que implicaba el oficio de ser periodistas en la ciudad de Rio Grande, durante el conflicto con Inglaterra, nos acercamos a la casa del historiador Oscar ‚ÄúMingo‚ÄĚ Guti√©rrez, quien nos atendi√≥ en su casa y desvi√≥ nuestro rumbo hacia otra parte de la historia.

Al golpear su puerta nos dan la bienvenida sus fieles guardianes y actuales compa√Īeros, los perros de Mingo, saludaron y cada uno se fue a reposar dej√°ndose llevar por la melod√≠a de fondo que se escuchaba en el hogar. ‚ÄúYo pongo m√ļsica de acuerdo a lo que leo‚ÄĚ comenta, mientras se o√≠a un canto lirico suave.

Posterior prepar√≥ un rico t√© acompa√Īado por una riqu√≠sima porci√≥n de torta y se sent√≥ a compartir la merienda y a escuchar.

Situ√°ndonos en el proceso hist√≥rico no hab√≠a mucho por contar ya que la funci√≥n por aquellos a√Īos se limitaba a un gobierno de facto, por lo cual los medios de comunicaci√≥n mayormente transmit√≠an mensajes puntuales o bien gacetillas oficiales.

Mingo tiene la característica de tener una memoria gigante y como si resultara poco en su estudio llenó de libros inventariados se encuentra su computadora personal que históricamente hablando, bien podríamos decir que es oro para la sociedad fueguina, su manera personal de archivar desde los primeros pueblos originarios y como ha ido creciendo la población, como así también los eventos más relevantes de la sociedad. Es en este marco en donde nos obsequia un material personal que queremos compartir sobre los observadores, personas civiles que contribuían a la vigilancia de Tierra del Fuego.

OBSERVADORES ADELANTADOS

Del Batall√≥n decidieron llamar a los Observadores Adelantados. Pero ya no consiguieron a todos. Uno se hab√≠a divorciado y hab√≠a partido, otro hab√≠a muerto inesperadamente en su juventud por un s√≠ncope card√≠aco, otro adujo problemas de familia, pero la mayor√≠a estaba firme y contento al participar de esta experiencia para la que hab√≠an sido capacitados dos a√Īos antes ejercit√°ndose en diversas maniobras, siempre con la perspectiva de la guerra por las islas del Beagle.

Pero ahora el frente era diferente, además aquí no estábamos ante la presunción de un ataque, aquí estábamos atacando, y habíamos recuperado nuestras Islas Malvinas, y todo el país tenía motivos para estar feliz por ello.

Con los que quedaron de antes era suficiente. Se contaba además de los radares de Aeronaval, los de la Fuerza Aérea sobre el Cabo Domingo, todos apuntando hacia Malvinas desde donde podría venir el ataque.

Pero la ‚Äúzona oscura‚ÄĚ era ahora mucho m√°s amplia. Chile no cubrir√≠a las espaldas como lo declamaba Pinochet y exist√≠a la firma sospecha de un ataque desde el poniente que pondr√≠a a nuestro Territorio entre dos fuegos. Por ellos los observadores se extendieron cada cinco kil√≥metros, sobre el l√≠mite internacional, entre las estancias San Mart√≠n y San Julio, zona en cuyo espacio a√©reo podr√≠an penetrar aviones procedentes de las guarniciones magall√°nicas en las que se supon√≠a podr√≠a haber presencia directa brit√°nica, como lo confirm√≥ el hecho del helic√≥ptero ca√≠do y quemado en Agua Fresca.

Los equipos de los Observadores no hab√≠an mejorado mucho desde las primeras pr√°cticas, el llamado deb√≠a hacerse a los cascos de cada estancia desde donde se reenviar√≠a la informaci√≥n para reorientar los radares hacia el oeste, y verificar entonces el posible acercamiento de una desconocida. Los observadores no estaban ahora ligados a dar la posici√≥n e forzar la orden para un disparo de mortero, el fuego antia√©reo, los cohetes, o la puesta en movimiento de aeronaves interceptoras ser√≠a la respuesta efectiva seg√ļn los casos.

Entonces comenz√≥ la guerra: Primero lejos, con una cabeza de playa en San Carlos; y de inmediato m√°s cerca, aunque cegadas las c√°maras y silenciados los micr√≥fonos, con el hundimiento del Belgrano. Dos docenas de voluntarios de esta √ļltima tragedia se sumaron como voluntarios a las filas de los Observadores fueguinos, era muy dif√≠cil encontrar con ellos tema de conversaci√≥n.

Se cuenta que los radares mostraron en más de una oportunidad formaciones que avanzaban hacia la frontera, ponían en marcha los mecanismos de alerta, pero luego las formaciones se desviaban eligiendo un ángulo de retorno dibujando en la pantalla un precario videojuego que llevaba las tensiones, las pasiones y los odios al límite.

RIO GRANDE Y SUS MUNDOS INTERIORES. OSCAR DOMINGO GUTI√ČRREZ.

 

 


 

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