Pailón Vargas, símbolo del boxeo y testigo de la historia fueguina

Luis Alberto Vargas, un referente histórico del boxeo en Tierra del Fuego más conocido como Pailón, contó cómo vivió la Guerra de Malvinas desde su actividad y los prejuicios que existían en torno a la comunidad chilena que habitaba Río Grande en esa época.

Pailón Vargas, como se lo bautizó, tuvo varias escalas antes de llegar a Río Grande para radicarse de forma definitiva hasta la actualidad. La historia comenzó en su natal Puerto Montt, con un primer tramo a Punta Arenas; luego Porvenir, donde tenía un tío y consiguió un contrato de trabajo para establecerse en suelo argentino, cuya primera residencia fue el hotel Miramar, ubicado en Belgrano y Mackinlay. Tres meses después de su arribo se produjo el golpe de Estado en Chile contra el entonces presidente, Salvador Allende.

Para Vargas, el boxeo comenzó en 1972, de casualidad, en el Centro Deportivo Municipal: “Mi idea no era pelear, fui a bajar la panza porque había trabajado en (la estancia) María Behety y estaba con muchos kilos de más, era peón de estancia y tenía 19 años”.

Hasta entonces sólo conocía de la actividad pugilística “por radio o a través de alguna revista”. “Me puse en estado, me enseñaron la técnica, empecé a saltar la soga y me ofrecieron pelear, pero cuando organizaban los festivales le esquivaba un poco”, reconoce.

Propio de la época, la mayoría de los boxeadores en la ciudad eran chilenos (el puntarenense Juan “Rocky” Ravena, amigo de Vargas, era otra de las figuras) y ese lazo se mantuvo de manera permanente. El primer rival del Pailón Vargas fue Víctor Silva, quien lo derrotó en su debut en el ring: “Perdí con él. Vino a pelear y, después, a trabajar. Venía de Punta Arenas, pero era de Santiago”.

Pasaron los primeros años radicados en Río Grande, con una victoria ante el campeón de Santa Cruz, Pampa Morales, y trabajaba en una empresa petrolera mientras el conflicto por el Beagle, en el ’78, empezaba a recrudecer: “(Los militares) te tenían ‘al trote’. Más a los extranjeros. Toda la vida hubo ese roce entre Chile y Argentina. Ahora no se discrimina tanto pero en esa época era diferente. Yo pasé las mil y una”.

Si bien “con el deporte medianamente te conocían”, para algunos de sus compatriotas la situación era difícil: “En casa de los chilenos pateaban la puerta y entraban, y el que no tenía documento se lo llevaban”. Así sucedió con “un chico que boxeaba, de apellido Vázquez”, a quien, como otros, “sacaban a la calle y subían al camión”.

“Los militares pensaban que podía haber una revuelta de chilenos en Río Grande. Tenían desconfianza”, relata Pailón Vargas, que asevera que, por su condición de extranjero, el ’78 “fue más bravo” que la época de la Guerra de Malvinas, en 1982.

El ex boxeador mantiene un vínculo inquebrantable con la Causa Malvinas: corrió la tradicional maratón –a la que recuerda en sus ediciones nocturnas- hasta que sus rodillas se lo impidieron y, año tras año, asiste a la Vigilia a la espera del 2 de abril.

“Todo el mundo creía que se estaba ganando, eso se repetía mucho y todos lo creían. Era todo alegría y mostraban cosas que nada que ver”, reconoce Vargas.

Mientras tanto, en el ámbito del boxeo continuaba “todo normal”. En el lapso de la Guerra sólo hubo una exhibición de Rocky Ravena con el histórico Carlos Monzón.

“Por la noche nos hacían tapar las ventanas, los vidrios” y había una guardia de vecinos que pasaba todas las tardes por la zona del casco viejo (donde siempre residió el Pailón), como sucedía en cada barrio del entonces pujante Río Grande de los ’80.“Teníamos preparado un bolso con jabón, pasta de dientes, linterna, pilas remedios; había que estar preparado por las dudas”, comenta.

En el medio, una colecta: “La gente donaba cosas increíbles, oro, cadenas, muñequeras, relojes; todos teníamos ganas de que gane Argentina, vivíamos acá”.

Para el boxeo, Malvinas dejó una triste secuela, porque el único ring profesional que había sido conseguido por el Boxing Club “Vicente Stanic”, fue desarmado y reutilizado por los militares para hacer carpas.

La Guerra de Malvinas, que era seguida por radios y programas de televisión, terminó el 14 de junio de 1982 y Vargas lo recuerda como si fuera hoy: “Los militares se querían morir, no lo podían creer”.

Para Pailón, actual jubilado de la Municipalidad, su historia individual estuvo ligada al boxeo, pero ese recorrido implicó también dos acontecimientos que marcaron para siempre la identidad de la ciudad y la provincia de Tierra del Fuego.

En las imágenes podremos observar

Pailón Vargas tras una pelea con Kozac, del BIM N°5, en 1978.

Triunfo de Vargas contra el Pampa Morales, referente santacruceño dentro del boxeo.

Rocky Ravena y Peludo Hernández, dos de la camada, junto al Pailón Vargas.

La presentación del Pailón en un enfrentamiento con el Gringo Kovacic.


 

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